jueves, 10 de enero de 2013

Desarrollo

Tras el parón navideño hay que seguir trabajando. Actualmente continúo con el relato y los dibujos.
A continuación dejo unos fragmentos del comienzo de la historia para abrir boca.



… Absorto en mi propio ensimismamiento, alcé brevemente la cabeza del libro cuando me disponía a abrirlo y mi mirada dio por unas fracciones de segundo con el final del pueblo tras la ventana. Allí donde no debía haber nada más que la oscuridad de la noche se percibía el fulgor de una luz cálida, más tenue y  aclarada que las luces de las farolas, pero mucho más agradable y atrayente. [...] 

[...] Avanzaba por las calles a paso de maratón porque reconozco que mi estado físico no me permite correr más de un minuto seguido. Llevaba en la cara y en el cuerpo la falsa decisión de los que salen por las noches con la intención de encontrar el amor, con esa seguridad  a medias que sufren los que aun queriéndose comer la noche tienen un miedo atroz a ser rechazados.Pero necesitaba saber qué era aquello, y la curiosidad le pudo a mi cobardía. [...]


[...]Un circo. Había recorrido unos cuatro kilómetros, tres y medio de ellos con un espantoso pinchazo en el costado, y todo el esfuerzo para descubrir que la luz pertenecía a un circo. No me sentí en absoluto defraudado. Fui pocas veces al circo cuando era niño y quizás fuese demasiado pequeño para disfrutar enteramente de él. Eran pequeños circos de barrio que nunca traían el tigre blanco que aparecía en sus carteles. En mi memoria  el recuerdo que tengo del circo es una mezcla entre atracción y recelo. Los vibrantes colores me abrumaban, los espectáculos de magia me fascinaban y sobrecogían, los payasos me asustaban y los animales que no me defraudaban también me daban miedo. [...]


[...] El exterior estaba decorado por hileras de pequeñas bombillas y farolillos en el aire tensadas en postes. El conjunto luminario de este bonito entramado era el responsable de haberme llevado atraído hasta allí como a un insecto. No era la carpa la única instalación, se intuían detrás de ella otras carpas menores así como pasillos de puestos y atracciones de lo que parecía ser una pequeña y genuina feria. [...]

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