martes, 22 de enero de 2013

Desarrollo

Un poco de relato y un pequeño boceto para acompañar.

[...]

-Permítame, monsieur, que le cuente una historia y el por qué de su presencia aquí. Veamos por dónde comienzo… ¿está usted puesto en acordeones?
-¿Acordeones? Bueno, sé que hay dos tipos de acordeones, uno con teclas de piano y  otro con botones.

Me indicó con el brazo que le acompañase hasta las gradas que se encontraban a pie de pista, me senté junto a él sin protestar ni una palabra y escuché su historia.

-Bien, mon ami, algo es algo. Verá, la vida de los acordeones es corta pero intensa. Comenzó a principios del 1800 y fue modificándose continuamente hasta el 1900. En medio de este proceso, alrededor de 1830, Isoard Mathieu desarrolló el acordeón diatónico, es decir, el instrumento podía producir notas bisonoras. Por aquella época, en un ambiente de bohemia, pobreza, ingenio y talento, dentro de una pequeña cafetería de Viena, un grupo de amigos artistas decidieron crear el "Circus Bizarricus". Sería algo más atrayente que una feria, mucho más impactante que un circo. Algo especial y único. Trabajaron duro e invirtieron sus escasos bienes y con gran esfuerzo el proyecto se hizo realidad. Se dice que el día de la inauguración en 1835 el hermano menor de este inventor dejó olvidado un acordeón en las gradas del Circus Bizarricus. El instrumento fue acogido por la compañía y utilizado en sus actuaciones, se convirtió en el miembro más longevo de la plantilla activa, y el más venerado. Los artistas tenían toda su fe puesta en el acordeón y le atribuían el éxito conseguido después de cada día de trabajo.
 Poco a poco le fueron otorgando vida, la verdadera alma del "Circus Bizarricus". Y generación tras generación fue mantenido, cuidado y afinado con mimo para que permaneciese perfecto como el primer día. Así durante sesenta años hasta el día de su desaparición. [...]






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