martes, 19 de febrero de 2013

Reflexiones

Desde que los primeros descendientes del mono bajaron de  los árboles para caminar sobre la tierra comenzó a desarrollarse un mundo de ideas. La creatividad y la imaginación nació en esos primeros humanos; en aquel que decidió tallar piedras y huesos con distintos ángulos para conseguir multitud de herramientas, en el que aprendió a curtir las pieles para poder abrigarse con ellas, en el que encontró la manera de ahumar y salar los alimentos para conservarlos, en el que inventó la primera canción y la transmitió al resto o en aquel otro que pintó animales en una caverna aprovechando los salientes de la misma roca para crear sombras y profundidad.

Todo aquello que triunfa, que consigue un gran éxito, comienza con una simple idea, abstracta e inmaterial y sólo después de un gran esfuerzo y trabajo se logra transformar esa idea en algo concreto. La pena es que, a veces, a pesar del gran esfuerzo, no se consigue la recompensa esperada, la aprobación y la aceptación anheladas.

Llevamos varios años entregados a una carrera donde todas las semanas se nos exigía multitud de ideas distintas, maravillosas, y que las transformásemos en algo concreto, visible, tangible o las desarrollásemos con grandes argumentaciones o reflexiones filosóficas en caso de tratarse de algo más abstracto. Exprimimos nuestra creatividad e imaginación día a día para luego no recibir siempre la valoración positiva que creíamos merecer después de tanto trabajo. Y no nos hemos detenido por ello, hemos continuado reflexionando, imaginando, creando.

Es evidente que hay quien marca la diferencia, quien tiene una idea genial y con un gran trabajo impecable la transforma en algo maravilloso y obtiene el éxito. ¿Pero qué ocurre con quien a pesar de haber tenido también una gran idea y un desarrollo inmejorable no consigue el éxito?
Digo, por ejemplo, que cuando escuchéis una canción que no os gusta, cuando veáis una serie de televisión o una película que os parece mala, antes de criticarla pararos a pensar por un momento que detrás de ella hay un equipo de pobres diablos que se han partido los cuernos trabajando duramente en ello y que merecen respeto a su labor.

Hoy, como persona que piensa/ imagina/ crea quiero romper mi lápiz (no tengo lanzas) a favor de todos los que también imaginan y tienen ideas y son tan valientes como para llevarlas a cabo.

Para mí solamente pido alegría y ganas de trabajar, pues teniendo eso las ideas vienen y fluyen solas.

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